jueves, 2 de octubre de 2014

A falta de fútbol, geografía

Lo primero que hice, cuando se celebró el sorteo de la Champions allá por el mes de agosto, fue correr a Google para ubicar al Ludogorets, uno de los tres rivales que el bombo había colocado en el grupo del Madrid para la primera fase. Resultó ser un joven equipo (fundado en 2001) de Razgrad, una pequeña ciudad búlgara de unos 30.000 habitantes. Casi todo lo que sé de geografía europea lo aprendí gracias a la Copa de Europa (salvo las montañas francesas, que conozco como la palma de mi mano por culpa de Perico e Indurain). Cuando era niño, descubrí ciudades como Rijeka, Anderlecht, Berna, Belgrado, Zabrze, Monchengladbach, Neuchatel, Innsbruck o Luxemburgo, donde jugaban equipos de nombres extraños e imponentes: Young Boys, Estrella Roja, Gornik Zabrze, Borussia Monchengladbach, Spora, Swarovski Tirol. Qué gran invento el de Hanot y Bernabéu para aprender geografía.



El partido no pasará a la historia europea del Real Madrid. Exceptuando a Isco, participativo y lúcido, daba la sensación de que el equipo prefería estar en cualquier otro sitio. Me acordé, no sé por qué, del play back de Los Planetas en aquel programa de Bermúdez.

Al poco de empezar el partido, el Madrid cedió un córner. La cosa ha llegado a un punto en que los equipos contrarios empiezan a celebrar los saques de esquina como dicen que se hacía antiguamente en el fútbol inglés: un córner es medio gol. Peinó un búlgaro en el primer palo y remató un tal Marcelinho en el segundo. 1-0. Antiguamente estos partidos que se complicaban podían acabar en drama, pero el nuevo formato Champions evita posibles Odenses.

Poco después Chicharito fue derribado dentro del área y Ronaldo agarró el balón para poner orden. Stoyanov, el portero búlgaro, se estiró bien y desvió la bola. Se levantó pensando que ya tenía algo que contarle a los nietos. Se quedó con tal mal cuerpo Ronaldo que, poco después, en cuanto notó un contacto en el área, se dejó caer. Tiró el penalti al mismo lado que el primero, pero más ajustado, y al portero le faltó un palmo para volver a despejar. Total, tampoco se lo iban a creer los nietos, debió de pensar.

Mediado el segundo tiempo, Carletto se acordó de Benzema y por fin empezó el rock and roll. Al minuto de pisar el césped, dio un pase a Ronaldo que no fue gol de milagro; poco después marcó a centro de Marcelo, y antes de que el árbitro pitara, le puso un balón a Kroos que el alemán mandó fuera, rozando el larguero. Paradoja: el jugador indolente rescató al Madrid de la indolencia. Parece mentira que aún tenga detractores. Un día Benzema hará la jugada de Maradona contra Inglaterra, pero se la pondrá atrás a Ronaldo para que marque a puerta vacía, y en el Bernabéu más de uno se revolverá: “Esa Luis Suárez la mete dentro”.

En la recta final, el Ludogorets hizo un cambio: salió el número 88 sustituyendo al número 84, y el partido siguió como si tal cosa. Está cerca el día en que alguno se ponga el doble cero. Robert Parish merece el homenaje.

Lo único que nos dejó el partido fue aprender a situar Razgrad en el mapa. No es poca cosa: la geografía es un tema importante. Dentro de tres semanas toca visitar Liverpool, ciudad que tenemos más que ubicada. Allí, sin coartada geográfica, convendría ofrecer algo más.

1 comentario:

Jaime dijo...

El deporte en general me ha ayudado a aprender geografía, que de otro modo y sin internet me habría resultado bastante abstracto y aburrido. El mapa de EE.UU. lo aprendí gracias a la NBA. También aprendí que pepita se dice Nugget y que Denver fue importante por la fiebre del oro y un largo etcétera. Mi prima salió en este concurso de Canal Sur (aunque no sale en el vídeo) https://www.youtube.com/watch?v=HXrLoG4KONI y se llevó un buen dinerito, pero se fue a casa porque no supo situar la ciudad de Brno en la República Checa. A mí las motos ni fu ni fa. Muy aburridas en general, pero que Brno está en la República Checa es algo que me sé de carrerilla :)

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