miércoles, 13 de agosto de 2014

Si me necesitas, silba


Todo empezó, como tantas cosas en esta vida, con una conversación entre dos amigos, con una apuesta que en un principio debió de sonar a fanfarronada. Durante un día de pesca, entre trago y trago, Howard Hawks aseguró a su amigo Ernest Hemingway ser capaz de realizar una gran película con la peor de sus novelas. La peor, a juicio del director, era una obra corta titulada Tener y no tener, la historia de un marino que, acuciado por problemas económicos, resuelve dedicarse al contrabando.

Hawks se puso manos a la obra. El papel principal sería para Humphrey Bogart, en un intento de repetir el éxito de Casablanca: mismo protagonista, similar ambientación y un guión con muchos puntos en común. Sólo faltaba ella. Aquí Ilsa Laszlo se llamaría Marie Browning, aunque Steve (Bogart) la bautizaría como Slim (Flaca). Pero Slim no tenía la dulzura de Ilsa, ni falta que hacía: ella era independiente, misteriosa, ácida, irónica y dueña de un pasado oscuro que nosotros apenas podemos conjeturar. Sin llegar a serlo, sus hechuras son de femme fatale.

Quizás en las manos de otra actriz, la Marie Browning resultante habría sido diferente. Para el papel el estudio decidió reclutar a una chica nueva y llevar a cabo una formidable campaña de lanzamiento, táctica muy de la época. Terminaron eligiendo a una tal Betty Bacall, una joven delgada y sexy que la mujer de Howard Hawks había descubierto en una revista de moda. Betty pronto se convirtió en Lauren y el resto es historia.

Bacall nos cautiva desde su primera escena, cuando aparece apoyada en el quicio de la puerta de la habitación de Steve con un cigarrillo en los labios, reclamando una cerilla con esa voz ronca y sin embargo tan terriblemente sensual (véanla en VO, por favor). A la primera caída de párpados ya nos ha enamorado a todos. A la tercera, Bogart dejó a su mujer y le pidió matrimonio. Dijo Howard Hawks más tarde que Bogart no se había enamorado en realidad de Bacall, sino de su papel en la película, por lo cual ella tuvo que seguir siendo Marie Browing durante el resto de su vida. Puede que en boca de Hawks hablaran los celos: al parecer él tenía otros planes para la joven promesa rubia. Despechado, cuentan que el director tuvo un affaire durante el rodaje con la bella Dolores Morán, que tenía un papel secundario en el film. Como premio de consolación convendremos que tampoco está mal. Bogart y Bacall hicieron otras tres películas juntos (El sueño eterno, La senda tenebrosa y Cayo Largo), lucharon contra la infamia maccarthista, tuvieron dos hijos y comieron perdices durante trece años, hasta que un cáncer se llevó a Humphrey en 1957.

En Tener y no tener lo de menos es el argumento, una historia de aventuras ambientada en la isla de Martinica con la II Guerra Mundial de fondo. La película va sobre el valor y la amistad, va sobre un cínico egoísta que resulta no ser tan cínico ni tan egoísta. Pero lo realmente importante es la historia de amor, lo que nos atrapa es la química entre Bogart y Bacall, cuyo romance fuera de los focos avanzaba según se consumían metros de celuloide, sus gestos y sus miradas mientras clavan unos diálogos agudos y sutilmente sensuales. Algunas frases se improvisaron sobre la marcha, fruto de un guión que se reescribió varias veces y en el que participó, a requerimiento de Hawks, nada menos que William Faulkner.

Como sucede en Casablanca, la frase más célebre de la película nunca existió. Si en la cinta de Curtiz nadie pronuncia la celebérrima “tócala otra vez, Sam”, en Tener y no tener no existe la frase “si me necesitas, silba”. Lo que Bacall dice, mientras abandona la habitación de Bogart (gran parte de lo mejor de la película transcurre en el hueco de esa puerta), es: “Sabes silbar, ¿verdad, Steve? Solo tienes que juntar los labios y soplar” ("You know how to whistle, don't you, Steve? You just put your lips together and blow"). Dicho esto, sale por la puerta y Steve se queda intentando juntar los labios con cara de idiota.

Cuando se casaron, Bogart regaló a su esposa una pulsera con un colgante de oro en forma de silbato y una inscripción: “If you want anything, just whistle” (si quieres algo, silba). Es muy posible que ahí naciera la leyenda de la frase.

Hawks ganó la apuesta a su amigo Ernest, aunque hizo algo de trampa (transformó completamente la historia, de modo que el film terminado apenas conserva el arranque de la novela), Bogart y Bacall conocieron al amor de su vida y el cine ganó una obra maestra. Todos contentos, incluso Hemingway, que perdió la apuesta pero debió de obtener un buen pellizco en derechos de autor. Y los espectadores ganamos la mirada más sensual, la mejor caída de párpados de la historia del cine, que es tanto como decir de la historia. Y más de uno se quedó para siempre intentando juntar los labios con cara de idiota.
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Recupero este texto, publicado originalmente en Dentro de la Sala el 30/7/2014, para rendir homenaje a Lauren Bacall, fallecida ayer a los 89 años de edad.

1 comentario:

Solo Nuevas dijo...

Que tal titulo... pero bueno son formas de ver las cosas...

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