jueves, 7 de junio de 2012

Cuando Preciado llegó al cielo


-Hola, Manolo, te estábamos esperando.
-Venga, San Pedro, no fastidies, ¿para qué me habéis traído aquí? Tengo mucho que hacer ahí abajo.
-Eso te lo tendrá que contar el jefe. Espera que abra la puerta. Ven conmigo, vamos al campo.
-¿Al campo?

Las praderas celestiales eran de un color diferente al césped de allí abajo. Un verde azulado de unas tonalidades jamás vistas por el recién llegado. Había algo cautivador y relajante en esos colores. Manolo Preciado se estremeció cuando creyó divisar, a lo lejos, una portería, con sus tres palos y su red. La impresión se confirmo conforme se iban aproximando: allí estaban las dos porterias, el rectángulo de juego perfectamente delimitado, los cuatro banderines, las dos áreas y el círculo central. En las desiertas gradas había un solitario ocupante. Se acercaron a él.

-Manolo, te presento a Dios.
-Encantado. Es un honor conocerlo, acertó a balbucear nerviosamente.
-Déjate de reverencias, anda. Y tutéame.

Dios se quedó con la vista perdida en el infinito mientras su acompañante lo miraba de reojo.

-Me imaginabas diferente, ¿verdad?
-La verdad es que sí. Muy diferente.
-Ya. Todos me dicen lo mismo. En fin, Manolo, vamos al grano: te he traído para que entrenes a mi equipo.

Dios hizo un gesto con el brazo queriendo abarcar el campo de entrenamiento que estaba ante ellos. Allí estaba Sócrates, con su melena al viento, lanzando penaltis de tacón a Yashin, vestido de riguroso negro. En la otra portería, Puskas ensayaba su potente disparo con Ricardo Zamora bajo los palos, mientras Garrincha gambeteaba en una banda y George Best, con un balón debajo del brazo, mantenía una animada charla con una rubia de rostro angelical ajeno a la arenga de Juanito.

-Venga, Dios, déjate de hostias. ¡Uy! Lo siento.
-No te preocupes, no soy tan mojigato como algunos ahí abajo creen.
-¿Pero cómo voy a dirigir yo a estos fueras de serie? Seguro que hay mil entrenadores, en el cielo y en la tierra, más preparados que yo.
-No, Manolo, tú eres el hombre indicado, tú tienes todo lo necesario para conducir a este equipo. Confía en mí. Recuerda que no sólo de táctica vive el hombre.
-Es un honor, de verdad, pero es que acabo de firmar por el Villarreal. No puedo quedarme aquí.
-No te preocupes, ya me he encargado yo de todo.

Manolo se quedó un rato con la mirada perdida, los ojos ligeramente empañados, y finalmente se encogió de hombros y miró a su interlocutor.

-No tengo opción, ¿verdad?
-No tienes opción.
-Bueno, pues manos a la obra.
-No, déjalo. Hoy tómate el día libre. Empezarás mañana. Ahora tienes que ver a alguien.

Ambos se alejaron del campo de fútbol, perdiéndose entre la bruma celestial.

-Manolo, presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.
-Ya, eso se lo dirás a todos.

-----------------------------------------------------------------------------
Relacionado en Belfast Boy: El equipo de Dios

1 comentario:

Pablo Falcon dijo...

GENIAL, EMOCIONANTE RELATO

WWW.FUTBOLOIDES.BLOGSPOT.COM

TIRATE UNA VUELTA POR MI WEB, ES MUY ENTRETENIDO EL MUNDO DE LOS FUTBOLOIDES

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts with Thumbnails