Sucedió a finales del siglo XIX, aunque allí en las alturas el calendario gregoriano no es algo que se tenga en demasiada consideración. Se entretenía Dios en sus ratos libres contemplando, con escepticismo al principio, con creciente interés después, ese extraño juego que los ingleses habían inventado, en el que unos cuantos hombres, divididos en dos bandos, pegaban patadas a un balón. Le pareció al principio un juego estúpido, tosco y primario, pero poco a poco fue encontrándolo cada vez más atractivo, hasta quedar absolutamente prendado.
Entusiasmado finalmente con el hallazgo, aunque un poco molesto consigo mismo por no haber sido él el inventor de la idea -quizás si no me hubiera sentado a descansar el séptimo día, se reprochaba-, Dios iba contemplando como el fútbol se expandía a lo largo de ese gran globo azul que él había creado mucho tiempo atrás. Así, presenció el nacimiento de los campeonatos nacionales y asistió fascinado a los primeros Mundiales. Andaba ya entonces dándole vueltas a una idea que le empezaba a obsesionar. Un día se levantó y decidió que tenía que cumplir el sueño que le rondaba la mente. La decisión estaba tomada: Dios tendría su propio equipo de fútbol.
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lunes, 5 de diciembre de 2011
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Canciones futboleras: Garrincha (Alfredo Zitarrosa)
Lo lleva atado al pie, como una luna atada al flanco de un jinete,
lo juega sin saber que juega el sentimiento de una muchedumbre,
y le pega tan suave, tan corto, tan bello,
que el balón es palomo de comba en el vuelo,
y lo toca tan justo, tan leve, tan quedo,
que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo,
¡y se estremece la gente, y lo ovaciona la gente!
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