Sucedió a finales del siglo XIX, aunque allí en las alturas el calendario gregoriano no es algo que se tenga en demasiada consideración. Se entretenía Dios en sus ratos libres contemplando, con escepticismo al principio, con creciente interés después, ese extraño juego que los ingleses habían inventado, en el que unos cuantos hombres, divididos en dos bandos, pegaban patadas a un balón. Le pareció al principio un juego estúpido, tosco y primario, pero poco a poco fue encontrándolo cada vez más atractivo, hasta quedar absolutamente prendado.
Entusiasmado finalmente con el hallazgo, aunque un poco molesto consigo mismo por no haber sido él el inventor de la idea -quizás si no me hubiera sentado a descansar el séptimo día, se reprochaba-, Dios iba contemplando como el fútbol se expandía a lo largo de ese gran globo azul que él había creado mucho tiempo atrás. Así, presenció el nacimiento de los campeonatos nacionales y asistió fascinado a los primeros Mundiales. Andaba ya entonces dándole vueltas a una idea que le empezaba a obsesionar. Un día se levantó y decidió que tenía que cumplir el sueño que le rondaba la mente. La decisión estaba tomada: Dios tendría su propio equipo de fútbol.
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lunes, 5 de diciembre de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
De la alegría de Juanito a las celebraciones de diseño
Aunque ya conocía la escena, desde que la volví a ver hace unas semanas, en uno de esos partidos de leyenda que Marca TV emite en la sobremesa, no me la puedo quitar la de la cabeza. Se trata de Juan Gómez, el mítico Juanito, recorriendo el césped del Bernabéu dando brincos de alegría mientras se dirige exultante hacia la banda para ser sustituido. Lo fascinante de la imagen es que tras los saltos y gestos de Juanito se aprecia una alegría pura e incontenible, un júbilo que, imposible de reprimir, estalla a borbotones.
El entusiasmo de Juanito estaba más que justificado. El Real Madrid acababa de endosarle un 4-0 al Borussia Mönchengladbach, remontando así el aparentemente inalcanzable 5-1 encajado en tierras alemanas en el partido de ida. Después de aquel resultado adverso, en el viaje de vuelta a Madrid, los blancos, con Juanito y Camacho a la cabeza, se conjuraron para conseguir voltear la eliminatoria en el Bernabéu. Eran los tiempos de las remontadas blancas (el año anterior ya habían remontado un 3-0 al Andertlech y un 2-0 al Inter). Los tiempos del miedo escénico -Vadano dixit-, cuando noventa minuti en el Bernabéu eran molto longos -Juanito dixit-.
El entusiasmo de Juanito estaba más que justificado. El Real Madrid acababa de endosarle un 4-0 al Borussia Mönchengladbach, remontando así el aparentemente inalcanzable 5-1 encajado en tierras alemanas en el partido de ida. Después de aquel resultado adverso, en el viaje de vuelta a Madrid, los blancos, con Juanito y Camacho a la cabeza, se conjuraron para conseguir voltear la eliminatoria en el Bernabéu. Eran los tiempos de las remontadas blancas (el año anterior ya habían remontado un 3-0 al Andertlech y un 2-0 al Inter). Los tiempos del miedo escénico -Vadano dixit-, cuando noventa minuti en el Bernabéu eran molto longos -Juanito dixit-.
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