A mediados de los años sesenta Chess Records no pasaba por uno de sus mejores momentos. La discográfica, fundada por los hermanos Chess a principios de la década de los 50, había sido estandarte de la música negra en Estados Unidos, cobijo del blues eléctrico y pionera del incipiente rock'n'roll. Por sus estudios habían pasado John Lee Hooker, Muddy Waters, Bo Diddley, Little Walter y Howlin' Wolf. Sin embargo, desde mediados de los 50, con Chuck Berry, el sello de Chicago no había conseguido un éxito superlativo. Mientras tanto, comprobaban como desde Detroit la recién creada Motown Records copaba las listas de éxitos con su edulcorado soul para todos los públicos. The Supremes, Martha & The Vandellas, Four Tops, Temptations o Smokey Robinson & The Miracles encarnaban desde la ciudad del motor el sonido de la joven América, y Chess había perdido el paso. Había que hacer algo.