miércoles, 27 de julio de 2011

Discos para una isla desierta: Automatic for the people

'Out of time' fue el disco que obró el milagro, el trabajo que dio a conocer a R.E.M al gran público. Pero no era ni mucho menos el primer álbum de la banda, sino el séptimo desde que en 1983 publicaran 'Murmur'. Hasta 'Out of time', R.E.M. era un grupo que nadaba, con mayor o menor fortuna, por las aguas de underground. No eran unos desconocidos para el público enterado, pero sí para la gran masa.


Pero algo cambió en 1991, al editarse el referido disco. Sus vídeos empezaron a aparecer en la entonces influyente MTV y las copias del álbum se empezaron a vender como rosquillas. Impulsados por esa obra mayor que lleva por nombre 'Losing my religion' y por una canción resultona, saltarina y tontorrona -Stipe y compañía no tardaron en renegar de ella- como 'Shiny happy people', el todavía entonces cuarteto de Athens abría la década con un conjunto de canciones notables que los elevaron al altar de los grupos independientes y honestos que hacen lo que les da la gana y venden la tira de discos, compartiendo espacio con Nirvana y U2, que ese mismo año editaban 'Nevermind' y 'Achtung baby'.

La duda era entonces cómo sería el segundo paso. ¿Serían capaces de repetir el éxito comercial sin comprometer el nivel compositivo? ¿Optarían por un disco más accesible que les asegurase el beneplácito de su nueva ola de fans? ¿Serían capaces de resistir la presión de sacar un trabajo a la altura de 'Out of time'? Pues bien, el siguiente paso se llamó 'Automatic for the people' y despejó de un plumazo todas las incógnitas.

Y se despejan desde la primera pista del disco. Porque empezar con los cuatro minutos y medio de 'Drive' es hacerlo con una canción mayúscula, a la altura, cuanto menos, de 'Losing my religion'. Una munición demasiado valiosa, pudiera pensarse, para gastarla nada más empezar el disco. Sería un pensamiento oportuno, si no fuera porque el resto de disco posee un verdadero arsenal. A la altura de 'Drive', se yergue la perturbadora y estremecedora 'Everybody hurts' ("When the day is long and the night, the night is yours alone. When you're sure you've had enough of this life, well hang on. Don't let yourself go, 'cause everybody cries and everybody hurts sometimes"), una canción llena de soledad y vacío, pero también de esperanza y amistad. Una canción con la que es imposible no emocionarse a menos que se tenga el corazón de pedernal. Pero se trata de una emoción simple y pura, no una emoción inducida en el oyente mediante sentimentalismo barato, mediante frases afectadas y arreglos grandilocuentes.

Las citadas 'Drive' y 'Everybody hurts' son las dos cumbres de un disco sobrado de grandes canciones. Ahí están, por citar algunas, 'The sidewinder slepps tonite', lo más parecido a un hit contenido en el álbum; 'Ignoreland', una crítica furibunda a la ignorancia y estupidez de la América profunda y lo segundo más parecido a un hit que existe en el disco; 'Star me kitten', balada tierna y desencantada; 'Man on the moon', genial aún hoy pese a su sobreexposición; 'Nightswimming', con su delicioso piano; y 'Find the river', precioso y oportuno punto final.



R.E.M. no sólo habían conseguido mantener intacta la calidad que atesoraba 'Out of time', sino que habían dado un importante salto y se habían sacado de la manga su mejor trabajo. Cuando la mayoría esperaba un disco más fácil para instalarse definitivamente en el mainstream, ellos editaron un ramillete de canciones difíciles, introspectivas y de instrumentación austera. Poco radiables, en definitiva. Dudoso combustible para radiofórmulas y MTV. Lo asombroso es que, yendo a la suya y sin buscarlo en modo alguno, R.E.M. repitieron el éxito comercial de su disco anterior e incluso lo superaron. Lo que parecía un suicidio comercial se convirtió en todo lo contrario. Un caso digno de estudio.

'Automatic for the people' es un disco tan jodidamente grande que, después de él, el probado talento de R.E.M no ha vuelto a alumbrar otra obra de igual calado. Aunque han logrado una supervivencia más que digna -nada que ver con otros dinosaurios del rock-, nunca se han acercado a la grandeza de aquel disco de 1992. La trayectoria posterior de la banda se asemeja al perfil de una etapa pirenaica del Tour de Francia, llena de picos cada vez más espaciados, unos más altos que otros. Ocurre que, antes de todas esas cumbres, Stipe, Mills, Buck y Berry (que abandonó en 1997) habían coronado el Tourmalet. Esa cumbre mítica e insuperable es 'Automatic for the people', un disco que cautiva y emociona de principio a fin, escucha tras escucha. Equipaje de primera necesidad para cualquier mochila que lleve por destino una isla desierta.


1 comentario:

iaGo dijo...

Una autentica obra maestra, uno de mis discos favoritos, de siempre.

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