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martes, 3 de julio de 2012

Siempre nos quedará Kiev

Todo empezó en Viena, una noche de verano de hace ya cuatro años. Aquel polvo salvaje, apasionado y apresurado nos supo a gloria después de largo tiempo de abstinencia. Necesitábamos ese alivio, esa descarga de tensión acumulada tras tantos intentos fallidos, tras tanta negativa, tras tanto maldito gatillazo. Nos pilló por sorpresa, para qué engañarnos. Habíamos tenido nuestras diferencias y no confiábamos en que nuestros flirteos fueran a tener un final feliz. Pero así fue y, lo que es mejor, no se trató de un fugaz aquí te pillo y aquí te mato, sino que fue el principio de una relación fructífera y plena, de un idilio que se alarga ya durante cuatro años.

Lo de Johannesburgo fue diferente. La urgencia ya no era tanta y aprendimos a disfrutar de otra manera. No era ya cuestión de satisfacer una necesidad acumulada, sino de recrearse en cada movimiento, de gozar lenta, pausadamente. Johannesburgo fue el mejor orgasmo de nuestra vida, el culmen del placer, la cumbre (ahora lo sabemos) irrepetible. Nunca vamos a sentir nada igual y eso, en cierto modo, nos desazona.

viernes, 16 de marzo de 2012

Sobre el Athletic y los amores furtivos

Quién sabe si existe el amor para toda la vida. Ese amor eterno del que tanto hablan novelas, películas y, sobre todo, canciones y que es tan difícil encontrar en la vida real. Cada vez resulta más complicado encontrar personas que afirmen haber estado toda la vida enamoradas de la misma persona. Uno escucha a esas parejas ancianas que presumen de ser novios desde su adolescencia y de haber convivido felices durante décadas y siente una incómoda mezcla de ternura y admiración, pensando que está ante algo anómalo, ante una especie en extinción. Este amor único de largo aliento que en las relaciones humanas cada vez nos resulta más extraño y anacrónico es, sin embargo, condición imprescindible para cualquier aficionado al fútbol. Cuando uno es de un equipo de fútbol lo es con todas las consecuencias y hasta el final. Son extraordinariamente raros los casos en que uno decide abandonar el equipo de sus amores y unirse a otra afición. Sin embargo, esto no te impide flirtrear con otros e incluso tener una breve, intensa e inocente aventura.

En mi vida de aficionado han sido varias veces las que he sentido la necesidad de disfrutar de esos breves idilios, encandilado por el estilo y la belleza de determinados equipos. No me malinterpreten, yo siempre amé al equipo al que un día, sabe Dios por qué, decidí seguir y así será hasta el final de mis días, aunque haya tenido épocas en que haya abjurado de él y a veces haya preferido no seguir sus partidos para evitarme disgustos. Pero ha habido a lo largo de mi etapa como futbolero equipos que me han hecho disfrutar enormemente, breves aventuras que me hicieron gozar y entregarme a una fugaz lujuria.