Lo primero que hice, cuando se celebró el sorteo de la Champions allá por el mes de agosto, fue correr a Google para ubicar al Ludogorets, uno de los tres rivales que el bombo había colocado en el grupo del Madrid para la primera fase. Resultó ser un joven equipo (fundado en 2001) de Razgrad, una pequeña ciudad búlgara de unos 30.000 habitantes. Casi todo lo que sé de geografía europea lo aprendí gracias a la Copa de Europa (salvo las montañas francesas, que conozco como la palma de mi mano por culpa de Perico e Indurain). Cuando era niño, descubrí ciudades como Rijeka, Anderlecht, Berna, Belgrado, Zabrze, Monchengladbach, Neuchatel, Innsbruck o Luxemburgo, donde jugaban equipos de nombres extraños e imponentes: Young Boys, Estrella Roja, Gornik Zabrze, Borussia Monchengladbach, Spora, Swarovski Tirol. Qué gran invento el de Hanot y Bernabéu para aprender geografía.
