Mostrando entradas con la etiqueta copa de europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta copa de europa. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de octubre de 2014

A falta de fútbol, geografía

Lo primero que hice, cuando se celebró el sorteo de la Champions allá por el mes de agosto, fue correr a Google para ubicar al Ludogorets, uno de los tres rivales que el bombo había colocado en el grupo del Madrid para la primera fase. Resultó ser un joven equipo (fundado en 2001) de Razgrad, una pequeña ciudad búlgara de unos 30.000 habitantes. Casi todo lo que sé de geografía europea lo aprendí gracias a la Copa de Europa (salvo las montañas francesas, que conozco como la palma de mi mano por culpa de Perico e Indurain). Cuando era niño, descubrí ciudades como Rijeka, Anderlecht, Berna, Belgrado, Zabrze, Monchengladbach, Neuchatel, Innsbruck o Luxemburgo, donde jugaban equipos de nombres extraños e imponentes: Young Boys, Estrella Roja, Gornik Zabrze, Borussia Monchengladbach, Spora, Swarovski Tirol. Qué gran invento el de Hanot y Bernabéu para aprender geografía.



martes, 21 de enero de 2014

Nuestro Eindhoven


Cómo pensar entonces, en aquella tarde fría y soleada, que aquello no era un final más, de esos que acostumbrábamos de cuando en cuando, sino el final definitivo, fundido a negro, títulos de crédito y si te he visto me acuerdo lo justo. Cómo imaginar que después de ese abrazo a medias sólo quedaría el hola y el qué tal te va, el cuánto tiempo y el tenemos que quedar algún día, el qué bien te veo y el ya te llamo si eso. Visto con perspectiva todo parece tan claro como inevitable, pero entonces no. Entonces parecía otra despedida de tantas, dolorosa pero transitoria; parecía que aún teníamos todo el tiempo del mundo y mil cosas por compartir.

martes, 4 de diciembre de 2012

La felicidad es un gol de Mijatovic


Comentaba el otro día un amigo que uno de los momentos más felices de su vida había sido cuando Mijatovic marcó aquel gol en el Amsterdam Arena. Mi amigo es un hombre sensato, culto, inteligente, con dos carreras universitarias en su haber, un buen trabajo, padre de un hijo precioso, con una familia estupenda y bastantes amigos. Digo esto para dejar claro que no se trata de un hooligan obtuso ni de alguien vacío y asocial que no tiene más remedio que llenar su vida con lo que hacen veintidós tíos en un prado en pantalones cortos.

Escuchábamos sus palabras un tercer amigo y yo, futboleros y madridistas también, y asentimos cómplicemente. No solo entendíamos lo que nos estaba contando, sino que compartíamos su opinión al 100%. Claro que también era uno de los mejores momentos de nuestra vida. Estábamos hablando de la Séptima, joder. A los tres nos parecía lo más normal del mundo.