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jueves, 7 de junio de 2012

Cuando Preciado llegó al cielo


-Hola, Manolo, te estábamos esperando.
-Venga, San Pedro, no fastidies, ¿para qué me habéis traído aquí? Tengo mucho que hacer ahí abajo.
-Eso te lo tendrá que contar el jefe. Espera que abra la puerta. Ven conmigo, vamos al campo.
-¿Al campo?

Las praderas celestiales eran de un color diferente al césped de allí abajo. Un verde azulado de unas tonalidades jamás vistas por el recién llegado. Había algo cautivador y relajante en esos colores. Manolo Preciado se estremeció cuando creyó divisar, a lo lejos, una portería, con sus tres palos y su red. La impresión se confirmo conforme se iban aproximando: allí estaban las dos porterias, el rectángulo de juego perfectamente delimitado, los cuatro banderines, las dos áreas y el círculo central. En las desiertas gradas había un solitario ocupante. Se acercaron a él.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El equipo de Dios

Sucedió a finales del siglo XIX, aunque allí en las alturas el calendario gregoriano no es algo que se tenga en demasiada consideración. Se entretenía Dios en sus ratos libres contemplando, con escepticismo al principio, con creciente interés después, ese extraño juego que los ingleses habían inventado, en el que unos cuantos hombres, divididos en dos bandos, pegaban patadas a un balón. Le pareció al principio un juego estúpido, tosco y primario, pero poco a poco fue encontrándolo cada vez más atractivo, hasta quedar absolutamente prendado.

Entusiasmado finalmente con el hallazgo, aunque un poco molesto consigo mismo por no haber sido él el inventor de la idea -quizás si no me hubiera sentado a descansar el séptimo día, se reprochaba-, Dios iba contemplando como el fútbol se expandía a lo largo de ese gran globo azul que él había creado mucho tiempo atrás. Así, presenció el nacimiento de los campeonatos nacionales y asistió fascinado a los primeros Mundiales. Andaba ya entonces dándole vueltas a una idea que le empezaba a obsesionar. Un día se levantó y decidió que tenía que cumplir el sueño que le rondaba la mente. La decisión estaba tomada: Dios tendría su propio equipo de fútbol.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

La vida es un top 5: Canciones cainitas

Caín y Abel (Tiziano)
«Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos afuera". Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?". "No lo sé", respondió Caín. "¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?". Pero el Señor le replicó: "¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo". Caín respondió al Señor: "Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo. Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará". "Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces". Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo».

Genesis 4, 1-15.

miércoles, 20 de julio de 2011

Cuando Dios se paseaba por el Bernabéu

Soy consciente de que muchos de vosotros, ateos y agnósticos, no me creeréis e incluso me tomaréis por loco. Es posible que algunos de vosotros, creyentes convencidos, me señaléis como blasfemo. Me da igual. Yo estoy aquí para dar testimonio de lo que vi. Ni estoy loco, ni deliro. Dios existe y yo lo he visto.

No, no estoy hablando de apariciones puntuales ante un reducido grupo de niños fácilmente impresionables, al estilo de Fátima o Lourdes. Durante cinco años yo veía a Dios todos los fines de semana, y en ocasiones también entre semana. No era yo el único que lo veía, claro, pero a muchos les costaba reconocer en Él a una deidad. Pensaban que sólo era uno más, simple mortal. No obstante, fuimos unos cuantos los que supimos vislumbrar la grandeza que ese metro ochenta y cinco vestido de blanco impoluto encerraba. Ahora la misión de nosotros, sus apóstoles, es contar los hechos de los que fuimos testigos, con el fin de que quede constancia para la posteridad.

viernes, 7 de enero de 2011

Casa de citas: fútbol y religión

Foto: wikipedia

“¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.
"Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno".
Eduardo Galeano, escritor uruguayo, autor de 'El fútbol a sol y a sombra'.