Seguro que todos en nuestra infancia hemos pasado alguna tarde jugando a la oca, ese sencillo juego de mesa en el que nuestras fichas avanzan por un tablero en espiral según las puntuaciones obtenidas por el dado. El juego tiene algunas casillas (las ocas y los puentes) que nos permiten saltar varias posiciones, pero también una casilla maldita, conocida como la muerte y simbolizada con una calavera, que nos obliga a volver a la casilla de partida. Resulta desesperante que, cuando hemos superado ciertas vicisitudes y el objetivo final parece cercano, nuestra ficha caiga en la muerte y nos obligue a empezar de nuevo.Ettore Messina llegó al banquillo del Real Madrid de baloncesto en el verano de 2009 con la vitola de entrenador ganador, un poco como Mourinho este año a la sección de fútbol. Sus resultados en la Benetton, en la Virtus de Roma y en el CSKA significaban aval de sobra. Messina se rodeó de jugadores veteranos en la recta final de sus carreras (Prigioni, Hansen, Kaukenas, Garbajosa, Lavrinovic) para tener una plantilla que diera resultados a corto plazo. El cielo no podía esperar.