Bernard Hinault se presentaba en la línea de salida de la Vuelta a España de 1983 como el hombre a batir. Con cuatro Tours, dos Giros y una vuelta ya en su palmarés, el bretón era el mejor ciclista del momento sin discusión. Su victoria en la ronda española en 1978 había supuesto su primera victoria en una gran ronda por etapas y ansiaba volver a ganarla para redondear su palmerés. Y es que hubo una época en que la Vuelta a España no era una ronda que peleaban ciclistas de segundo nivel, sino pieza codiciada de primeros espadas. Los rivales de Hinault en aquella edición eran el italiano Giuseppe Saronni y los españoles Julián Gorospe, Marino Lejarreta y el tristemente desparecido Alberto Fernández. Aquel año la organización de la Vuelta había incluido una llegada inédita en alto que con el tiempo se convertiría en clásica: los Lagos de Covadonga. Debido al favoritismo de Hinault y el parecido fonético con los Lagos de Enol, a alguien se le ocurrió bautizar el puerto como los Lagos de Hinault.
No fue muy feliz la ocurrencia porque el francés no pudo ganar aquella etapa y perdió más de un minuto respecto a Marino Lejarreta, vencedor en la cima. El Junco de Bérriz se convirtió así en el primer ciclista en inscribir su nombre en el mítico puerto. Aunque al final la cima asturiana se convirtió aquel año en los Lagos de Lejarreta, esta historia tuvo que marcar, sin duda, a Carlos Ynduráin (apellido ciclista donde los haya, por cierto) cuando decidió llamar a su grupo precisamente con ese nombre: Los Lagos de Hinault.
