En 1977 los Sex Pistols aparecían, como elefante en cacharrería, en la escena musical del Reino Unido con su polémico single God save the Queen. Se trataba de unos tipos maleducados, malencarados, malvestidos y todos los adjetivos que empiecen por mal que a uno se le puedan ocurrir. Los Pistols hacían una música rápida, agresiva, ruda y poco elaborada. Punk se llamó. Es evidente que sus influencias provenían de la música que se venía gestando al otro lado del charco -Stooges, MC5, New York Dolls, Ramones...-, pero se podría pensar -y a mí me resulta estimulante- que parte del influjo provenía del fútbol inglés. Todos los adjetivos aplicables al punk lo son también al fútbol de las islas. Un fútbol directo y agresivo, poco adicto a la filigrana vacua, pero generoso al máximo. Obviamente, cabe pensar que la influencia fue mayor por parte del entonces recio Arsenal que del Liverpool campeón de Europa, mayor la influencia de tipos como Stiles que de otros como Best.